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Teatro
Homenajes en el Festival de Teatro Wilberto Canton PDF Imprimir E-Mail

Gran fiesta del teatro regional yucateco

Salvador Lemis (CINEY)

Tiempo de lauros, tiempo de homenajes, tiempo de agradecer la acción de algunos de los que han contribuido a que el teatro en Yucatán perviva y defienda su identidad. Las palabras de José Martí: “Honrar, honra”, se hacen patentes en este Festival Wilberto Cantón 2010, con el merecido homenaje a grandes de la escena y la dramaturgia. El Gobierno del Estado, a través del Instituto de Cultura de Yucatán (ICY), en coordinación con el H. Ayuntamiento de Mérida y en el marco de los festejos nacionales del Bicentenario de la Independencia Nacional y el Centenario de la Revolución Mexicana, ha hecho posible estos eventos. El investigador Fernando Muñoz Castillo, la actriz Ofelia Zapata “Petrona” y los actores Francisco Ríos “Zapote” y Mario Herrera Flores “Mario III” han sido las figuras reconocidas por espectadores, crítica y políticos de la cultura.
Doña Ofelia Zapata, quien hiciera famoso su personaje “Petrona” dentro del llamado Teatro Regional Yucateco, fue merecedora póstumamente de un reconocimiento público “en honor al mérito de su valiosa trayectoria artística” el 9 de julio en el Teatro Peón Contreras, con la función de gala de la Compañía de Teatro Actores Unidos de Yucatán en la obra Somos una maravi'a, de Ricardo del Río, bajo la dirección de Madeleine Lizama “Candita”.
“Petrona” ha sido la gran señora de los escenarios. Incursionó en la música y en el cine. Elevó dignamente obras regionales que son ya clásicas y el CINEY publicó un libro de colección sobre su vida y obra en 2007. “Petrona” nació en 1916 y debutó en 1932. Junto a Héctor Herrera “Cholo” –desde 1961 y hasta los ochenta– dignificó el papel de la mestiza en el teatro, superando ya el tipo xchupalita llega a un personaje tipo maduro, característico, de apariencia fuerte, inteligente y sugestivo, hasta presentarse como mujer redentora de su raza. Fiel deudora de grandes mujeres: Esperanza Iris y Catalina Bárcena, Carmelita Flores y Luisa Torregrosa, Lucrecia Borges, Mimí Ginés, Adela Medina, Virginia Fábregas y de todas las que le antecedieron, la Zapata jamás será olvidada. Fue Panchita, Pastora, Polita y, desde 1950, Petrona Ché, “la mestiza de buen ver”. Trabajó con cuatro generaciones de la familia Herrera: Héctor Herrera Escalante, Daniel “el Chino” Herrera, Fernando “Cheto” Herrera, Mario “Sakuja” Herrera, “Cholo” Herrera y “Mario III”.
También se homenajeó el sábado 10 de julio al versátil Francisco Ríos “Zapote”, “en honor a la trayectoria y por su labor ininterrumpida durante sesenta años en pro del arte y la cultura en México”. Para ello se representó en el Peón Contreras el espectáculo multidisciplinario Una pasión peregrina, con guión escénico y dirección de Raquel Araujo e imagen mediática de Óscar Urrutia. “Zapote” comenzó en radio, pasó al teatro y fue delegado de la Asociación Nacional de Actores (ANDA) en diferentes estados. Debutó en escena en 1958 en una obra de Ermilo Abreu, dirigido por Cáceres Carenzo. Sus inicios de actor fueron en el Fantasio y ha trabajado con una veintena de directores. Ha sido condecorado por la ANDA con la medalla Virginia Fábregas de 25 años y con la Eduardo Arozamena de 50 años. En el medio yucateco es conocido como “el abuelo del teatro” y destacan en él su gran optimismo, su entrega, pasión y buen humor.
Fue homenajeado el viernes 16 de julio Fernando Muñoz Castillo, teatrólogo, dramaturgo, apasionado investigador y creador de antologías, en un “Homenaje Especial por toda una vida en el teatro”, al tiempo que se representó en escena la obra Soy Jasón, tengo 28 años, de la que es autor, con dirección de Juan Ramón Góngora y escrita en 1988. En la puesta participan siete actores y con ella había sido homenajeado ya en el Museo de Arte Popular de la capital. Novelista, crítico, ensayista, Muñoz es un apasionado de todo lo que implique teatro. Su carisma y naturaleza inquieta lo hacen adentrarse en mil terrenos del conocimiento. Actualmente enfrascado en el magno proyecto de fundar el Museo del Teatro Popular Regional de Yucatán, comenzó su labor escénica en el lejano 1970 con el grupo Eugenio. Fernando nació en 1951 y ha realizado importantes aportaciones al rescate de la memoria teatral, con libros como El Teatro Regional en Yucatán, Historia del teatro maya peninsular, El teatro experimental en Yucatán, La dramaturgia yucateca del siglo XIX, Las reinas del trópico, entre otros. Su perspicacia, inquietud y generosidad hacia las nuevas generaciones lo hacen un maestro sin igual dentro de su terreno, que apasionadamente es capaz de enaltecer y compartir.
Mario Herrera Flores, más conocido en el medio como “Mario III”, quien naciera en 1954, recibió reconocimiento por su presencia escénica durante cuarenta años en pro del mismo objetivo artístico y su defensa inigualable de la manifes-tación teatral regional. En el mismo teatro recibió el aplauso del público asistente el domingo 18 de julio. La obra Nobleza yucateca en el Bicentenario, con nueve actores, es una adaptación de 1971 en la que destaca el sentido del honor y de la nobleza del patio. Con su sentido del humor siempre acerado y preciso, “Mario III” se hace un personaje entrañable, muy querido por el público, mismo que, siguiendo antiquísimas tradiciones, lo aplaude frenéticamente siempre que entra a escena, y se detiene la representación. Fiel a su bisabuelo, don Héctor Herrera Escalante, y a su tío, don Héctor Herrera “Cholo”, suele exclamar: “Parece fácil, ¡pero nada es fácil en la vida! Y lo más difícil es hacer reír a la gente. Lo que nosotros hacemos es lograr que la gente se olvide por un momento de las situaciones que les afectan”. Orgulloso de su estirpe y de que su familia siga los mismos pasos (es padre de Mario y Daniel, “Dzereco” y “Nohoch”), se entrega con pasión a cada montaje, cada show, cada programa televisivo que requiera de su actuación. Comenzó en el Teatro Herrera en 1970, sin detenerse hasta hoy. Para él, “el teatro regional es la representación escénica de la manera de ser del yucateco, su forma de caminar, hablar, vestir, actuar y también de personificar su humor”. Ha participado en más de cien obras teatrales, cuarenta de ellas con más de un centenar de representaciones exitosas y diez de estas fueron escritas, actuadas y dirigidas por él mismo.

 
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